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Antena 1/4 ‘ground plane’ para CB27

Corrían los años 80 del siglo pasado y cayó en mis manos esta antena. Con ella di mis primeros pasos en la Banda Ciudadana de 27 MHz, junto con mi transceptor, mi primera emisora de CB: un General Electric de 40 canales que sólo operaba en AM. Era muy voluminosa, pues sus tres planos de tierra medían cada uno 2,64 metros, además del radiante, con sus 2,69 metros. ¿Estacionarias con esta antena? ¡De eso, nada! Podías prescindir del «beta match» si agachabas cada uno de los planos de tierra, originalmente en perpendicular con el radiante, unos 45º. En días ventosos sus descargas de estáticas eran de cuidado. Hice medio mundo con ella en los tiempos en los que hallar un canal vacío era una empresa casi imposible. Sí, solo con 4 vatios. 73 + 51 + CB Juan «Linux»

Antena «ground plane» de 1/4 para CB27

La antena que en mi región más se utiliza en 11 metros (CB) es la antena plano de tierra (1/4 de onda). Esta antena es omnidireccional y dice la documentación que no tiene ganancia, pero comparándola con otras antenas omnidireccionales que se dice si tienen ganancia no se nota gran diferencia, o ninguna. La antena y sus medidas comunes: Las medidas de la antena del dibujo son prácticas. El «whip» o «látigo» mide 2,75 metros, incluso el tubo completo, con todo y lo que entra en el aislante. Los cuatro radiales miden 2,61 metros cada uno. Para el «látigo» o elemento vertical usamos tubo de aluminio de 12 milímetros de diámetro, o mejor de 15 milímetros. Para los radiales el tubo puede ser más delgado, hasta 10 milímetros de diámetro. (Más abajo se muestra una versión económica) Primero se fabrica una base con una placa cuadrada de aluminio, debe tener buen grosor para que soporte los cuatro radiales. Se le doblan las puntas para que queden a 45 grados y hacemos un hueco en el centro, donde apenas entre el aislante, y los huecos para los tornillos de los radiales. Como aislante usamos uniones con rosca de PVC (cañería de 1/2 pulgada) que mejoramos usando un tapón con rosca. En el siguiente gráfico se puede tener una idea más clara del ensamblaje. Solo se dibujaron dos radiales para no restar claridad a la vista. El elemento vertical («látigo») se sujeta al tapón con un tornillo o pasador. No es conveniente pegar el cable coaxial de ese tornillo. Para eso ponemos otro tornillo más arriba solo para el cable. La malla del coaxial se puede prensar entre un radial y la placa de aluminio. Algunos prefieren un tornillo en la placa solo para ello. Para evitar que entre agua al cable se puede sujetar al «látigo» con una brida de plástico. En este gráfico se puede observar mejor la base de la antena y como se acomoda el cable coaxial. Puede usarse cable coaxial RG-58, tratando de no colocar mucha distancia. Para obtener el máximo de ganancia o el mínimo de pérdida se recomienda usar cable coaxial RG-8U o RG-213. La diferencia se nota bastante. Cálculo matemático Para calcular el tamaño de los elementos en una determinada frecuencia dividimos 300 entre la frecuencia en MHz. Esto nos da la onda completa en metros. Como los elementos son de un cuarto de onda, lo dividimos entre cuatro y al resultado se le resta el 5 por ciento, debido al factor de velocidad o llamado «efecto de puntas». Ejemplo: La frecuencia del canal 14 es 27,125 MHz. Entonces: 300 / 27,125 = 11,06 metros 11,06 / 4 = 2,76 metros 2,76 – 5% = 2,62 metros (Multiplicar por 0,95 es igual que restar el 5% — 2,765 * 0,95 = 2,62675 metros) «Ground plane» económica Para diseñar o construir una antena plano de tierra más barata o provisional podemos usar como «látigo» un tubo de 10 milímetros de diámetro. Para que quede ajustado en el tapón se puede rellenar con una resina dura o material epóxico, mejor con unos pedazos de tubo de 12 ó 15 milímetros de diámetro (dependerá del tamaño del hueco de la unión o el tapón). Los pedazos y el tubo entero deben bajar hasta el fondo. Los radiales se pueden hacer con alambre de hierro galvanizado, usándose a la vez como soporte de la antena (vientos o anclas). Hay que aislarlos a 2,61 metros (el tubo de PVC funciona bien como aislante). En el «látigo» de esta antena se indica como de 2,61 metros sin tomar en cuenta lo que entra en el aislante. Mejor si los radiales son de cobre. Artículo relacionado: <<Las especificaciones de las antenas>>

Stefano «Homebrew», un verdadero mago de la CB

Un hombre cuya pasión por las ondas comenzó hace más de medio siglo, durante unas vacaciones veraniegas en 1970, cuando viajó hasta San Marino para adquirir su primer equipo de radio, el legendario «mattone» (ladrillo) Midland de 5 vatios. Esa pasión se ha mantenido intacta hasta hoy, transformándolo en un verdadero «mago» de la radio en general y de la Banda Ciudadana en particular. No es solo la técnica o el equipo lo que convierte a un apasionado de la radio en «mago»,  es la capacidad de crear conexiones donde aparentemente no las hay, de dominar el lenguaje de las ondas y de entender los códigos que dan vida a la comunicación por radio, pues Stefano demostró su magia desde el principio. Recuerda con emoción aquellas noches en el balcón del hotel de Cesenatico, girando el dial de su flamante Midland en busca de otras voces. En una de esas noches, logró un contacto que solo puede describirse como mágico: un operador desde la costa de Yugoslavia respondió a su llamada. Para un joven de dieciocho años, hablar con alguien al otro lado del mar, sin cables ni intermediarios, debió sentirse como un hechizo. Su sueño siempre fue más grande: instalar una antena ground plane en el techo de su casa en Roma, pero su padre nunca se lo permitió. Aun así, esto no detuvo su pasión. Stefano siguió utilizando su «mattone» para comunicarse con amigos del barrio, convirtiendo las limitaciones físicas en oportunidades para la creatividad. El conocimiento que alimenta la magia La verdadera magia de Stefano no reside solo en sus equipos, sino en su profundo conocimiento de la radio. Se convirtió en un coleccionista apasionado de revistas de electrónica, atesorando colecciones completas de publicaciones como Nuova Elettronica, Sistema Pratico y Sperimentare. El conocimiento técnico le ha permitido no solo usar la radio, sino entenderla, repararla y hacerla funcionar en circunstancias que para otros serían imposibles. Pero lo que realmente distingue a Stefano como un «mago» de la radio es su capacidad para fusionar el pasado y el presente con una maestría digna de un hechicero. Lejos de conformarse con la tecnología de serie, Stefano abraza el hardware de código abierto más actual para crear sus propios montajes personalizados. Así, es capaz de tomar viejos equipos de radio CB con controladores a cristal —reliquias de sus inicios— y darles una nueva vida equipándolos con modernísimos osciladores de frecuencia variable de tecnología punta. La magia compartida Un mago de verdad no guarda sus secretos para sí mismo, y Stefano lo demuestra a través de su canal Autocostruire Diverte. Con una comunidad de más de 5.800 suscriptores y cerca de 500 vídeos publicados, Stefano se ha convertido en un referente para los aficionados a la electrónica y la radio de todo el mundo. En este escaparate digital, comparte generosamente sus conocimientos, mostrando paso a paso cómo realiza sus montajes, cómo da nueva vida a equipos antiguos y cómo dominar las técnicas de la radiofrecuencia. A través de sus tutoriales y demostraciones, Stefano no solo enseña; inspira a toda una nueva generación de «aprendices de mago» a adentrarse en el fascinante mundo de la autoconstrucción, demostrando que el espíritu del «hágalo usted mismo» (DIY) está más vivo que nunca. Un ejemplo perfecto de esta magia lo encontramos en un tutorial en que desvela el proceso de convertir una vieja emisora de CB, limitada a unos pocos canales fijos, en un equipo totalmente sintonizable. Utilizando una placa de un microcontrolador de código abierto, diseña e implementa un VFO que libera todo el potencial del equipo vintage. No se trata solo de reparar; es un acto de creación y transformación que convierte un objeto obsoleto en una herramienta moderna y versátil, demostrando que la verdadera magia reside en la capacidad de reinventar. Todo esto nos recuerda que en el mundo de la radio CB, la magia no está en el equipo, sino en la persona que lo opera, en su paciencia, su conocimiento y su deseo inquebrantable de comunicarse más allá de lo visible. Stefano es, sin duda, uno de esos magos.  

Pescando en la Banda Ciudadana, mi experiencia en 27 MHz

Artículo original escrito por «Anilandro» y publicado en: https://sites.google.com/site/anilandro/03604-27mc Durante algunos años,a finales de los 70, la CB, llamada vulgarmente Banda Ciudadana o 27 Megaciclos, fue un lugar apasionante. Era una frecuencia de encuentro sin demasiadas reglas, lejos de la rigidez de las comunicaciones de radioaficionados clásicos, con sus exámenes, sus cuotas, sus revisiones, sus libros de contactos y sus carnets oficiales. Creo que la CB fue, al menos por entonces, un fenómeno no excluyente que permitió a muchos aficionados primerizos introducirse en las radiocomunicaciones sin tener que superar unos requisitos previos que muchas veces acababan por desmoralizar. A este respecto, hubo algunas tensiones, como gentes a quienes les parecía mal esta libertad, entraban en tu misma frecuencia y a falta de argumentos convincentes contra los 27’s, lanzaban un cúmulo de falsas acusaciones e insultos. Pero en general era un lugar pacífico en que escaseaban los incidentes y donde se podía encontrar un aceptable nivel técnico acompañado de amabilidad y camaradería, sin las limitaciones antes mencionadas, la banda de 27, llamada también de 11 metros, era por tanto un hervidero. Encerrados como sardinas al final de la Onda Corta, miles de comunicaciones simultáneas saturaban en horas diurnas el espacio asignado, pero en la noche se cerraba la propagación a larga distancia y entonces permitía contactos locales sin interferencias dignas de consideración. En mi zona, cada noche nos encontrábamos varios amigos en el canal 22, con distintivos de llamada imaginativos como León Tamaik (que era Delta-Mike pronunciado algo rápido), la estación Charli-Charli-28 (que en realidad era parte de la matrícula de su coche),  la estación Menorca-Uno, distintivo de llamada del que suscribe, la Palmera-2 o la potente y algo distorsionada Superestación Galaxia del compañero Eleuterio, y tranquilamente hablábamos de nuestras cosas, del trabajo, de lo cara que se estaba poniendo la vida y naturalmente de la técnica de los instrumentos que permitían comunicarnos: las emisoras y las antenas. Al principio, muchos equipos eran autoconstruidos o al montados en forma de kit. De esta frecuencia, recuerdo que tuve una pareja de talkie-walkies Retex, de sólo 100 mW. de potencia, con receptor superregenerativo y un alcance que no superaba los 200 metros a vista de antenas. Después construí una emisora a lámparas y cristal de cuarzo que alcanzaba un par de kilómetros, aunque al calentarse el propio cristal, la frecuencia iba derivando lentamente hasta que mis compañeros dejaban de oírme al salirme del canal. Más tarde pasé a utilizar un transceptor de la firma Karkit que daba 3 w. de potencia en AM y tenía un receptor superheterodino de aceptable sensibilidad, aunque sólo disponía de 4 canales seleccionables mediante un conmutador, ya que funcionaba con parejas de cristales de cuarzo que a veces no eran ni baratos ni fáciles de encontrar.   La antena que utilizaba hasta entonces era la simple «Ground Plane» de 1/4 de onda, que bien ajustada, con los radiales en ángulo algo caído no solía dar problemas de estacionarias, y que por su tamaño (2,76 metros de alta e igual medida de cada uno de sus cuatro radiales) era fácil de construir y de instalar en cualquier tejado. La antena la había hecho con tubo de cobre de fontanería, en dos secciones de 1.38 m, de mayor y menor grosor, soldadas con estaño. En la parte baja soldé un conector de RF hembra del tipo UHF para montaje sobre chasis, aprovechando los cuatro taladros de que disponía en cada esquina de la base para conectar los cuatro radiales que formaban el plano de tierra, construidos con hilo de cobre flexible de 2 mm. del tipo normal que utilizan los electricistas para sus instalaciones. En poco tiempo la técnica avanzó bastante y todos los compañeros pasaron a equipos comerciales, de características incomparablemente mejores que los anteriores. Destacaban entre todos los sofisticados transceptores AM-FM-SSB de marcas como President, Midland, Cobra o Superstar, que solían ir equipados con 80 o 120 canales AM-FM y por tanto permitían el doble en SSB, ya que cada uno de ellos se separaba en sus dos bandas laterales: LSB (Low Side Band) y USB (Upper Side Band). Yo salí en antena durante un tiempo con un K40 «Made in Korea», de sólo 40 canales en AM, pero aprovechando un viaje a Barcelona al fin pude adquirir un President Grand, de 80-160 canales que pronto amplié a 320-640 trucando el codificador PLL para sacar frecuencias adicionales por debajo de 26.500 Kc, permitiendo además seleccionar los +5Kc que te situaban en el centro de cada canal de 10 Khz y sobre todo los famosos «canales submarinos» insertados dentro de la banda normal pero inaccesibles originalmente por una extraña irregularidad en el planteamiento de las frecuencias oficiales. Con este equipo sí había una gran diferencia. La sensibilidad del receptor era muy alta, de 0,2 ó 0,1 microvoltios, y la potencia de salida era de 15 w. en AM-FM y de 12 en SSB. En la noche, con la antena de 1/4 de onda podía hablar perfectamente con uno de los compañeros que vivía en un faro situado a 45 km. de mi casa, pero todas la veces que intenté realizar contactos con otras estaciones de fuera de la isla, resultaron un fracaso. Estaba claro que el problema era la antena. Algunos de los compañeros tenían unas altísimas 7/8 (siete/octavos de onda), de 9 metros y medio que destacaban sobre sus tejados, especialmente el Palmera-2, que vivía en una casa de campo con dos grandes palmeras en el patio y que más que otra cosa temía que un rayo acabara bajando por la siete-octavos a chamuscarle el bigote en un día de tormenta. Mi caso era notablemente distinto, porque al vivir en el interior de la población y estar rodeado de edificios de altura similar, no tenía este problema, pero un nuevo bloque de pisos hacía que por el norte y el oeste mi antena quedara en una zona de sombra relativa, lo cual me impedía realizar los deseados DX. Entonces surgió la idea de construir una antena de

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