Artículo original escrito por «Anilandro» y publicado en: https://sites.google.com/site/anilandro/03604-27mc Durante algunos años,a finales de los 70, la CB, llamada vulgarmente Banda Ciudadana o 27 Megaciclos, fue un lugar apasionante. Era una frecuencia de encuentro sin demasiadas reglas, lejos de la rigidez de las comunicaciones de radioaficionados clásicos, con sus exámenes, sus cuotas, sus revisiones, sus libros de contactos y sus carnets oficiales. Creo que la CB fue, al menos por entonces, un fenómeno no excluyente que permitió a muchos aficionados primerizos introducirse en las radiocomunicaciones sin tener que superar unos requisitos previos que muchas veces acababan por desmoralizar. A este respecto, hubo algunas tensiones, como gentes a quienes les parecía mal esta libertad, entraban en tu misma frecuencia y a falta de argumentos convincentes contra los 27’s, lanzaban un cúmulo de falsas acusaciones e insultos. Pero en general era un lugar pacífico en que escaseaban los incidentes y donde se podía encontrar un aceptable nivel técnico acompañado de amabilidad y camaradería, sin las limitaciones antes mencionadas, la banda de 27, llamada también de 11 metros, era por tanto un hervidero. Encerrados como sardinas al final de la Onda Corta, miles de comunicaciones simultáneas saturaban en horas diurnas el espacio asignado, pero en la noche se cerraba la propagación a larga distancia y entonces permitía contactos locales sin interferencias dignas de consideración. En mi zona, cada noche nos encontrábamos varios amigos en el canal 22, con distintivos de llamada imaginativos como León Tamaik (que era Delta-Mike pronunciado algo rápido), la estación Charli-Charli-28 (que en realidad era parte de la matrícula de su coche), la estación Menorca-Uno, distintivo de llamada del que suscribe, la Palmera-2 o la potente y algo distorsionada Superestación Galaxia del compañero Eleuterio, y tranquilamente hablábamos de nuestras cosas, del trabajo, de lo cara que se estaba poniendo la vida y naturalmente de la técnica de los instrumentos que permitían comunicarnos: las emisoras y las antenas. Al principio, muchos equipos eran autoconstruidos o al montados en forma de kit. De esta frecuencia, recuerdo que tuve una pareja de talkie-walkies Retex, de sólo 100 mW. de potencia, con receptor superregenerativo y un alcance que no superaba los 200 metros a vista de antenas. Después construí una emisora a lámparas y cristal de cuarzo que alcanzaba un par de kilómetros, aunque al calentarse el propio cristal, la frecuencia iba derivando lentamente hasta que mis compañeros dejaban de oírme al salirme del canal. Más tarde pasé a utilizar un transceptor de la firma Karkit que daba 3 w. de potencia en AM y tenía un receptor superheterodino de aceptable sensibilidad, aunque sólo disponía de 4 canales seleccionables mediante un conmutador, ya que funcionaba con parejas de cristales de cuarzo que a veces no eran ni baratos ni fáciles de encontrar. La antena que utilizaba hasta entonces era la simple «Ground Plane» de 1/4 de onda, que bien ajustada, con los radiales en ángulo algo caído no solía dar problemas de estacionarias, y que por su tamaño (2,76 metros de alta e igual medida de cada uno de sus cuatro radiales) era fácil de construir y de instalar en cualquier tejado. La antena la había hecho con tubo de cobre de fontanería, en dos secciones de 1.38 m, de mayor y menor grosor, soldadas con estaño. En la parte baja soldé un conector de RF hembra del tipo UHF para montaje sobre chasis, aprovechando los cuatro taladros de que disponía en cada esquina de la base para conectar los cuatro radiales que formaban el plano de tierra, construidos con hilo de cobre flexible de 2 mm. del tipo normal que utilizan los electricistas para sus instalaciones. En poco tiempo la técnica avanzó bastante y todos los compañeros pasaron a equipos comerciales, de características incomparablemente mejores que los anteriores. Destacaban entre todos los sofisticados transceptores AM-FM-SSB de marcas como President, Midland, Cobra o Superstar, que solían ir equipados con 80 o 120 canales AM-FM y por tanto permitían el doble en SSB, ya que cada uno de ellos se separaba en sus dos bandas laterales: LSB (Low Side Band) y USB (Upper Side Band). Yo salí en antena durante un tiempo con un K40 «Made in Korea», de sólo 40 canales en AM, pero aprovechando un viaje a Barcelona al fin pude adquirir un President Grand, de 80-160 canales que pronto amplié a 320-640 trucando el codificador PLL para sacar frecuencias adicionales por debajo de 26.500 Kc, permitiendo además seleccionar los +5Kc que te situaban en el centro de cada canal de 10 Khz y sobre todo los famosos «canales submarinos» insertados dentro de la banda normal pero inaccesibles originalmente por una extraña irregularidad en el planteamiento de las frecuencias oficiales. Con este equipo sí había una gran diferencia. La sensibilidad del receptor era muy alta, de 0,2 ó 0,1 microvoltios, y la potencia de salida era de 15 w. en AM-FM y de 12 en SSB. En la noche, con la antena de 1/4 de onda podía hablar perfectamente con uno de los compañeros que vivía en un faro situado a 45 km. de mi casa, pero todas la veces que intenté realizar contactos con otras estaciones de fuera de la isla, resultaron un fracaso. Estaba claro que el problema era la antena. Algunos de los compañeros tenían unas altísimas 7/8 (siete/octavos de onda), de 9 metros y medio que destacaban sobre sus tejados, especialmente el Palmera-2, que vivía en una casa de campo con dos grandes palmeras en el patio y que más que otra cosa temía que un rayo acabara bajando por la siete-octavos a chamuscarle el bigote en un día de tormenta. Mi caso era notablemente distinto, porque al vivir en el interior de la población y estar rodeado de edificios de altura similar, no tenía este problema, pero un nuevo bloque de pisos hacía que por el norte y el oeste mi antena quedara en una zona de sombra relativa, lo cual me impedía realizar los deseados DX. Entonces surgió la idea de construir una antena de