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Y tú, ¿en qué canal salías?

“Tú, ¿en qué canal sales?”, me preguntó maliciosamente el delegado local de la Unión de Radioaficionados Españoles, en un receso de una tensa reunión en la Cámara de Comercio de Gijón plagada de cebeístas de todas las edades. Aquellos usuarios de la C.B., Banda Ciudadana, de 27 megaciclos, o de 11 metros -que de todas estas maneras se la ha llamado- habíamos acudido a la reunión de los “radiopitas legales” en un primer intento de acercamiento a una realidad que intuíamos más amplia y ante la imposibilidad de regularizar nuestra actividad en el inflexible contexto normativo del último franquismo.

Corría el año 1975 y sí, como con mis 14 años recién cumplidos respondí tímidamente, a veces salía en el canal 14, en 27.125 KHz por más señas. Pero ya era miembro de la U.R.E. y tenía solicitado indicativo de escucha. Lo que no le dije al delegado (no parecía el momento) fue en qué condiciones transmitía intentando hacerme oír en las entretenidísimas ruedas del 14: “walkie-talkie” de juguete de poco más de 100 mW, amplitud modulada, un sólo canal en transmisión y todos (pero todos) los canales a la vez en recepción gracias a su circuito superregenerativo, y antena de hilo en la ventana que sustituía a la original telescópica.

Mi primera "estación" de radio

Mi primera “estación” de radio
(foto cortesía Museo CB)

Sí, en efecto, el que pronto sería EA1-3345-U y algo después EC1GA y es hoy EA1BCS, era entonces “Júpiter” o “Tucán”, y su voz llegó a ser relativamente conocida en la CB de entonces, sobre todo cuando pudo hacerla llegar más fácilmente gracias a un “walkie” PACTRA semi-profesional de fabricación española y 1,5 W de potencia, con nada menos que dos canales disponibles.

Mi segunda estación de radio

Mi segunda estación de radio

La operación en la Banda Ciudadana estaba prohibida salvo para las emisoras de mínima potencia o, según creo recordar, para determinados usos específicos y normalmente previa autorización. Pero era tal la fuerza expansiva de la libertad de comunicación que proporcionaba, que proliferaban los usuarios (y no pocas usuarias), …

… se veían coches con antenas llamativas y “pinchos” verticales en los tejados de los edificios, los operadores militantes se reunían “en vertical” en la cafetería Palermo, junto al Muro o paseo marítimo de Gijón, y en general la CB se convertía en una parte de la vida cotidiana, …

…respecto a la cual me da la impresión de que las autoridades, quizá con variaciones según momentos y lugares, llegaron a mostrar una cierta tolerancia.

Tengamos presente que en los años 70 no existía la telefonía móvil celular, al menos de forma generalizada, y menos aún Internet, y que muchas necesidades de comunicación (entre ellas las de los adolescentes, que hoy navegan -cuando no se hunden- en las redes sociales) encontraban ahí un buen medio de satisfacerse. Y así, al girar el mando de los canales, salían por el altavoz charlas informales entre amigos, serias conversaciones sobre montajes, experimentos y antenas, comunicaciones entre pequeñas embarcaciones, el buscapersonas del hospital vecino, pitidos, portadoras, algún que otro gamberrete, ruedas abigarradas en las que era poco menos que imposible saber cuántos operadores estaban presentes, mezclas confusas y misteriosas de lejanas modulaciones en los momentos en que la propagación estaba abierta, el vecino del quinto (auténtico) y… hasta mi tío José Ramón. Sí, un tío mío transmitía en la CB y me animaba en esa afición, y luego me precedió en el camino de la legalización como emisorista.

Concentración de cebeístas (vertical) en 1985.

Concentración de cebeístas (vertical) en 1985.

Aquella explosión no pasaba inadvertida en el mundo de la radioafición propiamente dicha. En la revista de la U.R.E., editada todavía en el formato tipo libreta que algunos recordarán, un colega se preguntaba qué tendrían los 11 metros que no tuviera la vecina y más holgada banda de 10 metros ó 28 MHz, en la que el silencio solía enseñorearse del dial y animaba a transmitir en ella utilizando los populares “kits” de CB con someras modificaciones que describía.

Bueno, aparte de las similares condiciones de ambas bandas desde el punto de vista radioeléctrico, las diferencias eran notables. La canalización en 27 MHz favorecía los puntos de encuentro, las prácticas operativas eran mucho más ágiles y las conversaciones más animadas, y era mayor la disponibilidad de equipos para todos los gustos y bolsillos.

La idea de utilizar los equipos de 27 en la banda superior resultaba práctica. En transmisión era tan sencillo como sustituir los cristales de cuarzo por otros, que normalmente había que encargar, para salir al éter correctamente, por ejemplo en 28.500 kHz y por supuesto en AM. Eso fue exactamente lo que yo hice siendo EC1GA. Como la modificación de equipos en recepción era algo más complicada al afectar a elementos de sintonía, la oreja de mi primera estación de radioaficionado estuvo constituida por un conversor “Luprix” unido a un musiquero amablemente cedido por mi tío.

Armarito de radio de EC1GA, hacia 1980

Armarito de radio de EC1GA, hacia 1980

La situación hoy es bastante distinta. Técnicamente los equipos han mejorado notablemente. Sin embargo, durante los ratos en que escribía este artículo estaba sintonizando los 11 metros y no capté ni una sola estación local (sí, por cierto, usuarios del Este de Europa por la mañana y de Norteamérica a media tarde, gracias a la buena forma del ciclo solar). Puede haber sido casualidad.

En el medidor de señal no se ilumina ni un LED

En el medidor de señal no se ilumina ni un LED

Gracias, lector, por tu ejercicio de paciencia al haber leído esta crónica nostálgica y agradecida a la Banda Ciudadana. Nostalgia y agradecimiento que seguramente compartirás, o al menos comprenderás. Termino traduciendo las palabras finales de Dave, N3CVJ, otro radioaficionado que fue cebeísta, en su página http://home.ptd.net/~n3cvj/davehistory.htm

Sigue gustándome la radio. Por más que los ordenadores e Internet hayan sustituido a la radio como moda social, no se acercan a la magia que tenía para mí durante los 70. Pero cambiamos según nos hacemos mayores. No sé ya si las condiciones de la radio son ahora tan diferentes a como eran entonces, o si mi punto de vista desde mi mediana edad pertenece a otro mundo diferente al de la mentalidad fresca, joven, desenfadada y siempre curiosa que tenía hace 30 años. Seguramente será cuestión de perspectiva. Me gustaría ver a la CB volviendo a ser lo que era en aquella época. Los cambios en los valores y expectativas sociales, y en el carácter de nuestra sociedad en su conjunto, junto con los avances técnicos como Internet o la telefonía móvil, lo hacen improbable.

73 desde Gijón (España)
EA1BCS
Alfredo Fernández Magdalena

Alfredo, EA1BCS, autor del artículo

Alfredo, EA1BCS, autor del artículo

Noviembre de 2012

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