El mercado de radios de Banda Ciudadana muestra una aparente contradicción entre la abundancia de la oferta y el bajo nivel de uso real del servicio. Por un lado, los fabricantes continúan lanzando al mercado nuevos modelos de transceptores, incorporando tecnologías modernas, mejores diseños y funcionalidades ampliadas. Esta constante renovación sugiere que existe una demanda activa y un interés comercial suficiente para justificar la inversión y la competencia entre marcas. La amplia variedad de productos refuerza la percepción de un mercado dinámico y en crecimiento desde el punto de vista comercial.
La aparente paradoja entre la vibrante oferta de equipos de Banda Ciudadana y su escaso uso efectivo puede explicarse mediante un análisis multifactorial. En primer lugar, debemos considerar que el mercado de estos transceptores se ha transformado significativamente. Lo que antaño era un nicho para radioaficionados y usuarios profesionales específicos, hoy se nutre de otros segmentos. Un porcentaje considerable de las compras responde a demandas ajenas a la comunicación en CB tradicional: su empleo como receptores multibanda, su uso en actividades como el radio-scanner, la preparación para emergencias (preppers), o simplemente como gadgets tecnológicos para coleccionistas y aficionados a la electrónica.
El dispositivo, por tanto, se valora más como un objeto técnico versátil o un bien de consumo, que como una herramienta de comunicación social activa.
Por otro lado, la evolución del panorama de las telecomunicaciones ha relegado la Banda Ciudadana a un plano residual. La masificación de la telefonía móvil, la accesibilidad de internet y las aplicaciones de mensajería ofrecen alternativas de comunicación inmediata, más simples, privadas y con mayor alcance, sin requerir licencia o conocimiento técnico. Esto ha erosionado la base de usuarios casuales y prácticos que en el pasado podían usar la CB para comunicación local en carretera o en áreas rurales.
La red social que sustentaba el servicio se ha desvanecido, dejando un ecosistema de radio muy fragmentado y con poca actividad audible, lo que a su vez desincentiva a los nuevos compradores a usarla de forma persistente.
Finalmente, la dinámica del mercado actúa independientemente de la vitalidad del servicio. Los fabricantes y distribuidores responden a una demanda existente, aunque los motivos de compra sean distintos a los originales. La innovación tecnológica (mejores pantallas, incorporación de nuevas funcionalidades, conectividad USB, etc.) sirve para renovar el catálogo y atraer a los segmentos de coleccionistas y entusiastas, manteniendo viva la oferta. En esencia, se ha producido una desconexión entre el ciclo comercial del hardware y el ecosistema de uso real del servicio. Se venden radios, pero no se venden para ser usadas intensivamente en la red de banda ciudadana; se venden como productos de hobby, para emergencias o para otros fines técnicos. Esta divergencia explica la aparente contradicción: un mercado activo de equipos no implica necesariamente un servicio de comunicación igualmente activo.


